La medicina antroposófica es una ampliación de la medicina convencional. No es una medicina alternativa: es una medicina ampliada por el conocimiento del aspecto anímico-espiritual del ser humano. El conocimiento de la medicina convencional es fundamental, pero tiene una limitación: se basa en un concepto mecánico, en la concepción materialista del ser humano. Eso significa que la naturaleza del hombre, y las causas de la salud y la enfermedad, se entienden casi siempre como algo mecánico, exterior, azaroso.
Esta mirada es especialmente útil en campos como la traumatología o la cirugía, donde se trata habitualmente con lo mecánico. Pero cuando se trata de procesos fisiológicos complejos -o incluso anímicos- la lógica mecanicista no logra explicarnos las cosas de una manera satisfactoria, y hay innumerables ejemplos de situaciones en las que las explicaciones mecanicistas parecen ir en contra del sentido común.
“Se puede aprender a leer lo oculto en lo manifiesto, sin perder de vista la fisiología convencional.”
Lo interesante de la mirada antroposófica es que es un conocimiento espiritual aplicado: permite una continuidad pensante entre el concepto espiritual y los procesos fisiológicos. Se podría hablar incluso de una fisiología espiritual detrás de la fisiología visible -o, como la llamó Rudolf Steiner, una fisiología oculta. De esta comprensión más profunda de la naturaleza humana surgen necesariamente tratamientos y terapias acordes. Entender más profundamente la naturaleza humana no garantiza un éxito seguro, pero la experiencia médica es sin duda más satisfactoria, y la mayoría de las veces se consiguen buenos resultados.
El conocimiento espiritual no es nuevo; lo nuevo es que pueda reconciliarse con la mirada científica. Esa es la mirada antroposófica: una ciencia espiritual moderna, nacida en occidente, que ofrece un camino de conocimiento acorde a nuestros tiempos. Rescata del pasado lo que en la antigüedad se sabía -por otros métodos- acerca de lo divino, pero de una forma que está a la altura de los requerimientos de la ciencia actual. Es una mirada que reúne lo divino con la ciencia, y no hace falta usar túnica ni una postura corporal especial: no tiene dueño, es de libre acceso para toda la humanidad. Es universal.
